BONG JOON-HO PARASITA LOS OSCARS

En 1938 “La gran Ilusión” (La grande ilussion) de Jean Renoir, considerada de forma unánime como una de las mejores películas de la historia del cine fue nominada al Oscar a Mejor Película junto a “Robin de los Bosques” de Michael Curtiz, “Jezabel” de William Wyler o “Vive como quieras” (You can’t take it with you) de Frank Capra que a la postre resultó ganadora. Desde entonces otras películas, directores, guionistas o intérpretes han repetido nominación por trabajos en lengua no inglesa. Hollywood nunca ha sido ajeno al talento extranjero y durante décadas ha importado y ha dado una carrera a los mejores artistas de todos los rincones del mundo, desde Alfred Hichcock a Charlie Chaplin o Billy Wilder. Que en los días previos a la entrega de los Oscars se filtrara una papeleta de una académica anónima quejándose de las nominaciones a películas, directores o intérpretes no americanos va contra todo lo que desde sus inicios, Hollywood representa.

El histórico triunfo de “Parásitos” (Gisaengchung ) de Bong Joon-ho con 4 Oscars (Mejor Película, Director, Guión Original y Película Internacional) no solo sirve para cuestionar las estadísticas y hacerlas añicos, también evidencia por fin que ese empeño por hacer de la Academia de Hollywood un ente más global y parital empieza a arrojar sus frutos. A este respecto, los Oscars que ha ganado “Parásitos” benefician más a una Academia que hace tan solo un año era tachada de conservadora al premiar un película tan convencional como “Green Book” de Peter Farelly que a Bong Joon-ho que ya hacía lo que le daba la gana antes de que Spike Lee se aprendiera fonéticamente su nombre.

En un año en el que las nueve películas nominadas tenían un nivel inusitadamente elevado “Parásitos” no solo era la mejor, también es junto a “Joker” de Todd Phillips el trabajo que mejor habla del tiempo en el que vivimos y las crecientes desigualdades que lo aíslan. Cuando se eche la vista atrás “Parásitos” será una de las películas de cabecera para comprender las brechas sociales y la desintegración de la clase media en los albores de una nueva década, relevancia que no tiene ninguna de las ganadoras del Oscar de la década pasada.

El otro gran título del año, “Joker”, concentró en la figura de Joaquin Phoenix todos los elogios. Phoenix llegaba al escenario del Dolby Theatre exhausto tras una temporada en la que lo ha ganado todo aprovechando cada nuevo galardón para soltar discursos de distinta índole donde ha denunciado la mayoría de lacras que asolan nuestra sociedad (del cambio climático, al racismo, sexismo o veganismo) La película de Todd Phillips consiguió un segundo garlardon para Hildur Guðnadóttir compositora de la banda sonora que se convertía en la segunda mujer en 92 años de historia en conseguir el Oscar a la Mejor Música. El momento, que puso en pie a los espectadores, vino precedido de uno de esos encuentros que tan bien saben urdir los productores de este tipo de ceremonias: en el escenario coincidieron la mayor super heroína de Marvel (la Capitana Marvel de Brie Larson), la mayor super heroína de DC (la Wonder Woman de Gael Gadot) y la heroína original, una Sigourney Weaver que fue ovacionada y reconocida como pionera a la hora de romper la brecha entre hombres y mujeres en el cine de acción. El encuentro se celebraba mientras en taquilla se estrellaba “Aves de presa” (Birds of prey), la última apuesta de Hollywood por lo que éste entiende como cine nuevo cine de acción en clave femenina.

Alrededor de “1917”, el survival bélico de Sam Mendes ambientado en las trincheras  de la I Guerra Mundial, se había generado la aureola de ganadora después de arrasar en todos los precursores importantes. Sin embargo, a pesar contar con el aval de productores y directores (además del apoyo de la Academia británica) terminó la noche con 3 premios de carácter técnico. Es la segunda vez en la historia que la ganadora del DGA, PGA, Golden Globe y BAFTA (entre otros) no gana el Oscar a Mejor Película. “Brokeback Mountain” de Ang Lee es la otra. La cara de Sam Mendes cuando escuchó el nombre de Bong Joon-ho de la boca de Spike Lee resume el estupor generalizado que supuso el triunfo del cineasta coreano.

El palmarés. muy repartido, dejó premios para todos menos para Martin Scorsese. “El Irlandés” no consiguió ninguno de los 10 Oscars a los que optaba, fracaso que no le podemos achacar únicamente al logotipo de Netflix. La película de Scorsese, que no ha encajado para nada en el catálogo de la plataforma hubiera funcionado mucho mejor en cines y se ha visto superada por propuestas más novedosas como “Parásitos”. A sus 77 años, Martin Scorsese afronta su enésima decepción con unos premios que no lo han tratado nada bien a lo largo de su historia aunque su legado supera con mucho su palmarés. Un ejemplo lo teníamos este año en una de las nominadas, “Joker”, en la que Todd Phillips evidencia la influencia del cine de Scorsese a la hora de retratar la sordidez y la decadencia de una sociedad y las ruinas físicas y morales de su protagonista. Otro ejemplo lo pudimos ver en el discurso de agradecimiento de un Bong Joon-ho abrumado que al recoger la tercera estatuilla de la noche, esta vez como Mejor Director, haciendo que la platea en pie ovacionara a Scorsese, referente absoluto para su cine.

Durante la ceremonia se denunció desde destintos frentes, unas veces desde la ironía otras señalando con el dedo, la necesidad de una industria que tome cartes en el asunto de la igualdad, salarial y de oportunidades, entre hombres y mujeres. A pesar de la ausencia de mujeres en la categoría de dirección y muchas otras, sobre el escenario sin embargo si que las hubo. Provenían en su mayoría del mundo del documental y el cortometraje, donde estas cineastas realizan su trabajo en los márgenes de una industria que hasta ahora no les ha dado cabida. En su discurso de agradecimiento, la directora Carol Dysinger, ganadora del Oscar por el cortometraje documental “Learning to skateboard in a war zone (if you are a girl)”, dejaba entrever lo duro que es mantenerse en pie, no tirar la toalla, después de cuarenta años trabajando como directora, editora, directora de fotografía, sonidista, ayudante de producción y cualquier otro trabajo que no la alejara de su sueño. Ese tono reivindicativo estuvo presente durante toda la ceremonia, pero sin llegar a condicionarla.

Toca ahora dar el paso y mirar hacia adelante. Que lo conseguido no se queda en un gesto, una rareza, la excepción a la regla. Que el año que viene sigan cayendo esas barreras invisibles que a veces cuesta tanto derribar, en ocasiones porque muchos de los que las levantan no las quieren reconocer. A veces no es tan difícil, basta con eliminar la nacionalidad, el idioma o la raza de la ficha de IMDB y quedarte únicamente, con las buenas películas. Habrá todavía que esperar para distinguir si este cambio es en efecto, un cambio real; dejar que la semilla de esta noche germine y atender con detalle, cada nueva hoja, cada nueva película.

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Francisco Martínez

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