GOYAS’20: GLORIA PARA ALMODÓVAR

Más allá de la alfombra roja, las galas en directo y las portadas una entrega de premios sirve o debe servir para hacer balance de un año de cine y dar relevancia a los trabajos más destacados en las distintas categorías. Los Goya entregan 29 premios que son muchos premios e intentar gestionar semejante palmarés dentro de un programa de televisión no es tarea fácil. Los Goya han asumido hace años que es imposible controlar la escaleta de un espectáculo que a fin de cuentas debe reconocer y premiar a todos los que hacen posible una película, desde los sonidistas a los de maquillaje. Asumamos como espectadores que también es improbable que esa gala resulte amena y todos seremos más felices. No hay discursos más importantes que otros y el tipo que ha ganado el Goya al mejor sonido tiene tanto derecho como cualquier otro académico de agradecer su premio a quien estime oportuno. Y hasta aquí la crónica de una gala forzosamente descontrolada. Ahora los premios.

Dolor y Gloria” de Pedro Almodóvar ha sido junto a “O que arde” de Oliver Laxe y “Liberté” de Albert Serra uno de los títulos más importantes del cine español en 2019. La Academia que a veces ha sido rácana en reconocer a Pedro Almodóvar (ha ganado el Goya a la mejor película en tres ocasiones, pero hasta hoy sólo contaba con dos premios como director y uno como guionista) no ha podido evitar reconocer a su último trabajo como el mejor del año y a él mismo como mejor director y guionista. Cualquier otro palmarés hubiera sido un desatino y ante una competencia algo desmayada Almodóvar consigue destacar por trabajo muy contenido en el que reflexiona sobre la autoría en última instancia como tabla de salvación.

Mientras dure la guerra” de Alejandro Amenábar se conforma con la pedrea técnica y gana cinco galardones, entre ellos el de Eduard Fernández como mejor actor de reparto, por un trabajo de caracterización tan poco sutil como efectivo y que dejó sentados a Leonardo Sbaraglia y Asier Etxeandia, favoritos por “Dolor y gloria”. La carrea de la película de Amenábar hasta ahora no ha sido fácil. A su fría acogida entre la crítica se le sumó el intento de boicot por parte de determinados grupos ultra, que finalmente no consiguieron evitar que la película fuera un importante éxito comercial, consuelo último de una película esforzadamente didáctica pero algo pacata en su fondo, lo que la deja herida de muerte.

La trinchera infinita” del trío de directores Jon Garaño, José María Goenaga y Aitor Arregi, con 3 premios sobre 15 nominaciones e “Intemperie” de Benito Zambrano con dos completan un palmarés muy equilibrado pero que conforma una foto sesgada de lo que ha dado el cine español a lo largo de 2019. Porque a lo largo de este año se estrenaron casi doscientas películas que en su mayoría no han contado ni con el altavoz que este tipo de saraos ponen a disposición de los nominados, ni el apoyo de los medios. Películas que en el mayor de los casos han pasado desapercibidas pero que también forman parte de una industria incapaz de asumir su propia variedad. Por eso es tan importante el discurso de Pedro Almodóvar, un autor que inició su carrera como cineasta underground, reivindicando ante las autoridades y productores presentes en la sala, ese cine realizado en los márgenes, fuera del patrocinio de plataformas. A fin de cuentas, si hubieran existido los Goya allá por 1980, jamás habrían tenido en cuenta ni a Pepi, ni a Luci, ni a Bom.

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Francisco Martínez

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