OSCARS’20: ASÍ ESTÁN LAS COSAS

En los días posteriores al anuncio de las nominaciones de la 92 edición de los premios Oscar se hizo viral en tweet de @DiscussingFilm en el que se invitaba a desordenar las ganadoras del Oscar de la década pasada de mejor a peor. No hay nada que guste más al ser humano que listar cosas, pero en este caso la propuesta sirvió para otra cosa muy distinta; sirvió para evidenciar el nivel de pobreza de las ganadoras:

2010 – En tierra hostil (The hurt locker. Kathryn Bigelow)

2011 – El discurso del rey (The King’s speech. Tom Hooper)

2012 – The artist (Michel Hazanavicius)

2013 – Argo (Ben
Affleck)

2014 – 12 años de esclavitud (12 years a slave. Steve McQueen)

2015 – Birdman (Alejandro
González Iñárritu)

2016 – Spotlight (Thomas McCarthy)

2017 – Moonlight (Barry Jenkins)

2018 – La forma del agua (The shape of water. Guillermo del Toro)

2019 – Green book
(Peter Farelly)

Que en esta década Alejandro González Iñárritu haya ganado cinco Oscars es el mejor (peor) reflejo de como se ha tocado fondo. Que Peter Farelly haya dirigido la última ganadora del Oscar a la Mejor Película, tampoco ayuda. Es difícil analizar la segunda década del siglo XXI y utilizar alguno de esos diez títulos para ilustrarla. No hay ni un solo trabajo relevante, ni desde el punto de vista sociológico, político o cultural. Tampoco son películas excelentes. En el mejor de los casos “Spotlight” de Thomas McCarthy y “Moonlight” de Barry Jenkins permiten entender temas de calado como los abusos silenciados por la iglesia católica o esa nueva masculinidad con la que lidia la sociedad contemporánea en la era del #MeToo.

Que la Academia decidiera que “El discurso del rey” era la mejor película del 2010 no solo es un desatino en términos cinematográficos, también evidencia la falta de perspectiva de sus votantes, incapaces de reconocer a una película adelantada a su tiempo como es el caso de “La red social” (The social network) de David Fincher y uno de esos títulos imprescindibles que definen la década de los 10s.

Los nueve títulos nominados este año al Oscar a la mejor película tienen un nivel medio inusitadamente elevado. Incluso a un título tan académico como “Le Mans’66” (Ford V Ferrari) de James Mangold no se le puede achacar una factura mediocre. Otros como “Parásitos” (Gisaengchung) de Bong Joon-ho o “Joker” de Todd Phillips definitivamente han engrosado ya ese imaginario colectivo que trasciende del mero hecho fílmico y además se revelan como poderosos espejos deformantes de una realidad social que define su/nuestro tiempo.

El Oscar debería ser para una de las dos, pero las apuestas están ahora a favor de “1917” de Sam Mendes que aúna un discurso inocuo capaz de generar el consenso que el sistema de voto preferencial recompensa y una puesta en escena muy atractiva que la reviste de gran espectáculo y resalta la hazaña técnica. En realidad, es el trabajo menos relevante de los nominados y aunque Mendes se esfuerza en construir un mensaje pacificista que tenga su hueco en una Europa que empieza de nuevo a levantar fronteras su resultado final es menos trascendente de lo que se cree. En los últimos años los Oscars han roto el tradicional binomio película-director lo cual posibilita un palmarés algo inconexo donde se tiende premiar a la película pequeña, pero con mensaje, por un lado y al director-malabarista de circo por otro. Mendes puede unificar ambas categorías si genera el consenso suficiente y hace valer su arriesgada propuesta de narrar toda la acción en un largo plano secuencia convenientemente retocado.

De momento “1917” ha ganado el premio del sindicato de productores (PGA) y el Globo de Oro (en drama), mientras que los Critics Choice Awards y los Globos de Oro (en comedia) se han decantado por “Erase una vez… en Hollywood” (Once upon a time… in Hollywood) de Quentin Tarantino. La crítica por su parte ha reconocido de forma mayoritaria a “Parásitos”, que además en una gesta histórica, se hizo con el premio a mejor reparto en la gala del sindicato de actores (la primera vez en su historia que una película en lengua no inglesa conseguía tal reconocimiento). Entre medias “Jojo Rabbit” de Taika Waititi ganó el premio del público en el último festival de cine de Toronto, lo que la confirma como una crowd-pleaser inesperada. El año pasado “Green Book” ganó ese mismo premio, situándola de lleno en la carrera. En principio la de Waititi, una sátira sobre los totalitarismos y el adoctrinamiento en los tiempos del pin parental, no parece que vaya a correr la misma suerte: una cosa es tener conciencia social y otra muy distinta reconocer a una película en la que te echas unas risas con Adolf Hitler.

La carrera hasta el Oscar ha sido especialmente corta este año pero no lo suficiente como que para algunos títulos que allá por septiembre llevaban la vitrola de favoritos, hayan desgastado sus opciones en los meses posteriores y lleguen a la ceremonia con muy pocas posibilidades de triunfo. Es el caso de las dos producciones con las que Netflix compite en mejor película: “El irlandés” (The Irishman) de Martin Scorsese (10 nominaciones) e “Historia de un matrimonio” (Marriage story) de Noah Baumbach (6 nominaciones). Cuando Baumbach desembarcó en Venecia donde competía por el León de Oro, la crítica la encumbró y puso a la cabeza de las apuestas por el Oscar, lugar que ocupó un par de horas hasta que en ese mismo festival se proyectó “Joker“. “Historia de un matrimonio” se fue de vacío del festival y si no fuera por Laura Dern, también lo haría de los Oscars.

Adam Driver, Scarlett Johansson y Dern han protagonizado buena parte de los premios de la crítica pero ni Driver ni Johansson han sido nunca favoritos. Driver tiene frente a él a un Joaquin Phoenix superlativo y Johansson no ha podido con la narrativa que le va a dar a Renée Zellweger su segundo Oscar por “Judy“. Lo que ha pasado con Martin Scorsese debería analizarse en detalle en cualquier manual de campaña. Netflix financió a Scorsese confiado en que nadie podría oponerse al triunfo de “El irlandés” a pesar de su logo. Se ganó el apoyo de toda la crítica (ganó en Nueva York, NBR y quedó segunda en Los Angeles) y luego se estrenó “1917” y Hollywood respiró aliviado: ya tenían la excusa para no darle un Oscar a Netflix. Si nadie lo remedia, “El irlandés” se puede ir de vacío a pesar de sus 10 nominaciones (como ya le ocurrió con “Gangs of New York” en 2002) Mendes 2 – Scorsese 1.

A pesar de los esfuerzos por modificar el perfil del académico, la Academia un año más ha evidenciado su falta de sensibilidad hacia los trabajos de mujeres directoras, por no hablar de la absoluta falta de diversidad entre los intérpretes nominados. Sus votantes han preferido nominar dos veces a Scarlett Johansson en lugar de reconocer a Da’vine Joy Randolph. En este páramo atestado de testosrona destacan las 6 nominaciones de “Mujercitas” (Little women) de Greta Gerwig. Gerwig no ha sido nominada en la categoría de dirección pero tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Donde Gerwig tiene opciones es en la categoría de mejor guión adaptado donde se juega el Oscar con “El irlandés“, “Jojo Rabbit” o “Los dos papas” (The two popes).

La carrera por el Oscar encara su recta final con varios cadáveres en el camino (Jennifer Lopez, Eddie Murphy, Lulu Wang, Taylor Russell, Alfre Woodard) y debatiéndose entre hacer historia y premiar una película verdaderamente relevante como “Parásitos” o seguir esa senda continuista de los últimos años que le lleve a premiar a un producto más convencional como “1917“. Sea el resultado que sea, faltan dos semanas para averiguarlo.

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Francisco Martínez

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