OSCARS’91: HOLLYWOOD SE ATRINCHERA ANTE NETFLIX

Los medios especializados que intentan restar importancia a una ceremonia como la de los Oscars, basándose en la frivolidad de la alfombra roja y las columnas de opinión olvidan una cosa muy importante,a diferencia de los Globos de Oro, el palmarés de Cannes o los premios de las distintas asociaciones de críticos, los Oscars los deciden la industria y como tal, no hay que pasar por alto que las personas que trabajan en esa industria (directores, productores, intérpretes, publicistas, responsables de casting, montadores, músicos, etc.) hayan decidido que “Green Book” es la mejor película del año.

Es lógico pensar que Hollywood se sienta amenazado por un modelo de negocio como el que proponen las distintas plataformas de streaming, con Netflix a la cabeza. Durante la semana en la que acababa el plazo de votación Steven Spielberg realizó un discurso aprovechando los galardones de la CAS (Cinema Audio Society) en el que arengaba a los realizadores a “realizar películas para exhibirlas en los cines”. “I love television – afirmó Spielberg durante su discurso. Some of the greatest writing, directing or best performances are on tv today. But there’s nothing like going to a big dark theater with people you’ve never met before and having the experience wash over you. That’s something we all truly believe in.”. J.A. Bayona entre otros muchos académicos, retuiteron esas palabras en sus redes sociales.

Durante esa semana también se popularizó el siguiente meme de Niche Film Things (@nicheFilm):

En la imagen, Steven Spielberg es el señor del polo azul que levanta las manos mientras es apuntado por la pistola que sostiene un crío de doce años. Netflix es ese crío. Que “Roma” haya sido reconocida de forma casi unánime como la mejor película del año pero en el último momento haya perdido el Oscar a manos de un trabajo menor como “Green Book” no es una cuestión que dependa exclusivamente del gusto académico: es una decisión política que posiciona a la Academia, como parte activa de la industria, al lado de un modelo de producción y exhibición tradicional. La del 25 de febrero pasará a la historia como la noche en la Hollywood dijo no al streaming, al menos por ahora (durante la ceremonia, Netflix aprovechó la conversación en redes para publicar el primer teaser promocional de “The irishman” el último trabajo de Martin Scorsese y nuevo caballo de batalla de la productora para los Oscars de 2020).

El triunfo de “Green Book” (Mejor Película, Mejor actor secundario y Mejor guión original) estuvo precedido por el Globo de Oro a la Mejor película (en comedia) y por el uno de los precursores más importantes de la carrera, el del sindicato de productores (PGA). Los medios habían prestado más atención a la distintas polémicas que salpicaron su camino hasta el Oscar que a la propia película (que la crítica ya se había encargado de despedazar) y quizás por eso su victoria ha sido tildada de sorpresa. No lo ha sido. El voto preferencial ha sido determinante a la hora de elegir a “Green Book” como la mejor película del año pero no se puede pasar por alto que Peter Farrelly ganó también el Oscar al Mejor Guión Original y que lo hizo por encima de los guiones “La favorita” (The favourite), “Roma” o “El reverendo” (First reformed). Conviene por tanto dejar de deslegitimar su triunfo y enfocar el análisis desde otros frentes (el miedo al streaming es uno de ellos, pero también el giro con el que la Academia vira hacia un discurso más conservador en tiempos de conflicto).

Roma” no ganó el Oscar a la mejor película, pero su director, Alfonso Cuarón, subió hasta en tres ocasiones al escenario para recoger los premios de dirección, director de fotografía y el de película en habla no inglesa. “Roma” es el empeño personal de su director y un hallazgo técnico y narrativo y Cuarón es su motor principal aunque el corazón, como él mismo recordó, lata al ritmo de Yalitza Aparicio y Marina de Tavira. Ninguna de las dos ganaron los premios para los que optaban, actriz protagonista la primera y actriz de reparto la segunda. Olivia Colman se impuso, contra todo pronóstico a Glenn Close por su trabajo en “La favorita” de Yorgos Lanthimos, único premio para una película algo irregular que optaba a diez estatuillas y que perdió en categorías como Vestuario o Dirección Artística, su terreno natural. “Black Panther” ganó esos dos Oscars y un tercero por la banda sonora de Ludwig Goransson. Mucho se especuló con la idea de que la producción de Marvel pudiera ganar el Oscar a la mejor película en una edición en la que la Academia flirteó con la idea de crear un categoría para reconocer a los títulos más populares del año, aunque diera marcha atrás ante el revuelo que provocó su anuncio. Puede que dentro de unos años, la edición 91 sea recordada como aquella otra, cuarenta y dos años atrás, en la que “La guerra de las galaxias” (Star Wars) perdió el Oscar a manos de la “Annie Hall” de Woody Allen.

Con cuatro Oscars (mejor actor, montaje, edición de sonido y montaje de efectos de sonido), “Bohemian Rhapsody” se convirtió en el largometraje más galardonado de la noche. El número de apertura con Queen+Adam Lambert cantando un medley de “We will rock you” y “We are the champions” fue un guiño que dio pistas de lo que iba a suceder esa noche y un regalo para los millones de espectadores que han visto la película en todo el mundo (y que se han dejado en taquilla 860 millones de dólares).

Del resto de premios de la noche destacar el triunfo de “Infiltrados en el KkKlan” (BlacKkKlansman) en la categoría de Mejor Guión Adaptado que le dio a su director, Spike Lee, el primer Oscar competitivo de su carrera treinta años después de ser nominado por primera vez con “Haz lo que debas“. El propio Lee desde el escenario, y tras un discurso incendiario de alto contenido político, se autoreferenció al arengar a los espectadores al grito de “Do the right thing!” levantando a todo el mundo de sus asientos. Otro premio especialmente relevante, por lo que supone dentro de la industria en general y en el feudo animado de Disney en particular, fue el de “Spider-Man: un nuevo universo” (Into the spider-verse) de Peter Ramsey, Bob Persichetti y Rodney Rothman como Mejor largometraje de animación por encima de “Los increíbles 2” (The incredibles 2) o “Ralph rompe Internet” (Ralph breaks Internet). Mientras que Disney y Pixar continúan explotando en secuelas cada vez menos imaginativas el mismo discurso de siempre, “Spider-Man: un nuevo universo” ha definido un nuevo modelo animado (en texturas, historias y público) que la ha convertido en uno de los títulos del año.

Acaba una temporada de premios sin una narrativa clara que ha culminado abrazando el discurso blanqueado y conciliador de una película como “Green Book” que reconcilia a esas dos Américas que cada día se enfrentan en estériles debates de televisión o hilos de Twitter pero que tiene una lectura real y trágica cuando trasladamos ese discurso a las calles. Se completa el círculo iniciado treinta años atrás cuando “Paseando a Miss Daisy” (Driving Miss Daisy) de Bruce Beresford fue elegida la mejor película del año, evidenciando que ni América ni los Oscars han cambiado tanto.

Green Book completes the Driving Miss Daisy circle. #Oscars— Erik Anderson (@awards_watch) 25 de febrero de 2019

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Francisco Martínez

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