Editorial: OSCARS PATAS ARRIBA

La edición número 91 de los Oscars ha dejado en un segundo plano a sus nominados, con una serie de desafortunados titulares que han puesto patas a la institución dirigida por John Bailey. A menos de diez días de la entrega de premios nadie habla del favoritismo de “Roma” de Alfonso Cuarón o las posibilidades de sorpaso de “Green Book“. Nadie habla de las películas nominadas porque: a) a nadie le interesa si “Roma” gana el Oscar a la Mejor Película porque nadie la ha visto y b) la mejor película del año, “The other side of the wind” de Orson Welles, ni tan siquiera está nominada. Se habla, y mucho, de la cómo se van a entregar a los premios (en la ceremonia, durante las interrupciones publicitarias, cuando abras tu galleta de la suerte), pero no de los premios o los nominados, de modo que vamos a ser francos de una vez: hace mucho tiempo que la ceremonia de los Oscars tienen poco que ver con el cine, los ganadores o perdedores. Es un evento donde lo más relevante es el precio del minuto de la publicidad. Es cierto que sin películas no existiría tal evento, pero es lógico pensar que si alguien lo hospeda en su parrilla exija beneficios a cambio. El problema por tanto no es de la cadena de televisión que emite la ceremonia si no de una Academia que ha perdido el norte y no sabe lo verdaderamente importante de su cometido: proteger y promocionar a su industria y las personas que la hacen posible.

En el canal oficial de YouTube de la Academia se pueden recuperar todas las ceremonias de entrega de los Oscars y no es difícil adivinar cuando se fue todo a la mierda: cuando Priyanka Chopra entregó el premio a Mejor Montaje. ¿Quién demonios es Priyanka Chopra, además de un cebo para la comunidad india? En 1961 el dramaturgo y director de teatro Moss Hart entregaba el premio de Mejor Guión a Billy Wilder e I.A.L. Diamond por “El apartamento” (The apartment); el año pasado lo entregaron Margot Robbie y Chadwick Boseman. Es solo un ejemplo, pero de alguna forma escenifica el devenir de este tipo de saraos y todo lo que se perdió en el camino.

Todo lo que rodea la ceremonia del próximo día 24 de febrero ha estado salpicado por una serie de malas decisiones que han generado un tráfico muy negativo a su alrededor pero que si de algo ha servido ha sido para evidenciar lo que lleva sucediendo desde hace tiempo: lo más importante de los Oscars no son las películas.