…AND THE OSCAR GOES TO COCA-COLA

Oscar a la caza de Likes

Menos de 24 horas después de que Guillermo del Toro levantara sus dos Oscars como responsable de la mejor película del año (hay que tirar de memoria para recordar que esa película fue “La forma del agua” (The shape of water) la Academia recibió una llamada de ABC, la cadena de televisión encargada de retransmitir a todo el mundo la ceremonia de entrega de premios: la audiencia de la gala había sido una de las mas bajas de los últimos años. Hasta entonces la Academía había intentando taponar la fuga de espectadores con ideas tan peregrinas como ampliar el cupo de películas nominadas de cinco hasta un máximo de diez o insistir en Prychanka Chopra como presentadora. Ninguna funcionó.

Detrás de la idea de recuperar al espectador perdido están los intereses de una cadena de televisión sustentada sobre el precio del minuto de publicidad. Y antes de conocer el ganador del Oscar al mejor director de fotografía, conozca el nuevo sabor de la Coca-Cola con cilantro. Sólo hasta el jueves un 50 por ciento de descuento en todos los productos de higiene íntima. Ajustar la retransmisión en directo a tres horas es la primera de las decisiones tomadas por la Junta de Gobernadores que gestiona la Academia. La idea es razonable. No hay que olvidar que se trata de un show televisivo y como tal, se rige por las reglas de negocio propias de la franja horaria en la que se emite y la ventana que lo distribuye. La otra opción sería que no se retransmitiese por televisión y que se celebrara a puerta cerrada; a fin de cuentas ¿a quién le interesa que Kevin O’Oconnel gane un Oscar? Afortunadamente, a mucha gente. 

Con motivo de la 90 edición de los premios se reconoció entre otros el talento inabarcable de Agnés Varda que a sus 89 años reclamaba su minuto de gloria en la ceremonia televisada. Cuando hace unos años la Academia sacó de la escaleta los premios denominados “honoríficos” ya lidió con un revuelo similar al que está viviendo estos días. Sin esos momentos no habríamos visto a Deborah Kerr abrazar en directo el único Oscar que ganó en su carrera. Sofia Loren, Elizabeth Taylor, Kirk Douglas, Chuck Jones, Stanley Donen, Jack Cardiff, Elia Kazan protagonizaron momentos únicos al poner la platea en pie cuando recogieron su premio honorífico. A Frederick Wiseman como a Varda los vimos por YouTube. Ahora quieren adelgazar de nuevo la escaleta del directo. Relegar a determinadas categorías a las pausas publicitarias. Intuyo que la de Mejor Actor no será una de esas categorías. A Roger Deakins le costó 23 años y 14 nominaciones ganar un Oscar. Ahora imagina que se lo dan durante ese anuncio de Doritos que has aprovechado para ir a vaciar la vejiga.

La novedad más controvertida sin embargo no ha sido la de desligar de la ceremonia en vivo determinadas categorías (a fin de cuentas esa es una táctica ya habitual en otros saraos televisados como los Emmy o los Tony). La apuesta definitiva de ABC y la junta de gobernadores de la Academia es la creación de una nueva categoría que reconozca con una estatuilla a la película más “popular” (y en este punto, el entrecomillado es inevitable). Rob Lowe lo tiene claro: crear esta categoría es la peor idea que ha tenido jamás la Academia desde que le invitaron a la ceremonia a cantar con Blancanieves. La idea de que una película popular (sea lo que sea eso) no puede ser una película buena (o al menos lo suficientemente buena como para ganar el Oscar) es, como apunta el guionista y director Sergio G. Sánchez en su cuenta de Twitter, una idea trasnochada y un concepto completamente erróneo. Está por ver como gestionará la Academia esta nueva estatuilla y si, como vaticinan algunos medios especializados, condicionará la presencia de este tipo de películas en la categoría principal.En principio, que “Han Solo: Una historia de Star Wars” esté nominada al Oscar a la “Película más popular” no significa que no lo pueda estar también en la categoría de “Mejor película”, a secas.

Los cambios simpre generan controversia y hoy día, con el altavoz de las redes sociales, un simple gesto puede ser magnificado. Es lógico el empeño de la Academia en llamar la atención de ese grueso de espectadores que se han ido alejando en los últimos años y no resulta descabellado que la industria reconozca la relevancia y la conversación que una película como por ejemplo “Déjame salir” (Get out) generó el año pasado. El problema quizás no sea tanto que se cree una categoría nueva para reconocer un tipo concreto de films como que los más de 5000 miembros que votan en los Oscars piensen que “La forma del agua” es una película artísticamente mejor y socialmente más relevante que la cinta de Jordan Peele, porque no lo es.Lamentablemente, parece que los intereses de ABC, propiedad de Disney, y de la propia Academia no descansan tanto en estos supuestos como en la necesidad de generar más negocio y rentabilizar al máximo los minutos de publicidad y el número de likes.

La última bomba que soltó en su comunicado la Academia hace referencia las fechas en las que en el futuro se celebrará la ceremonia. Así, la ceremonia de 2020 anunciada en un principio para finales de febrero se adelanta casi un mes. A ver como reaccionan el resto de asociaciones de prensa, gremios y demás satélites que orbitan alrededor de esa ceremonia que aparentemente no ve nadie. La campaña por el Oscar se ha convertido en los últimos años en un maratón de alfombras rojas y saraos de nula relevancia que generan la sensación de que cuando por fin llega el día de los Oscars, ya lo hemos visto todo. Menos mal que Warren Beatty y Faye Dunway animaron un poco la cosa hace un par de años. Los BAFTA en cualquier caso, ya se han pronunciado: si los Oscars adelantan la emisión, ellos lo harán también.

Puede que los Oscars tal y como los conocemos hayan acabado para siempre o puede que todo quede en una espantada veraniega. La nostalgia en muchas ocasiones impide interpretar con claridad determinados cambios y los intereses económicos y corporativos en muchas otras pueden acabar con legados que como el de los Oscars, lleva 90 años construyendo.

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Francisco Martínez

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