LAS ESTRELLAS NO MUEREN EN LIVERPOOL: LAS ESTRELLAS MUEREN CUANDO EL TELÉFONO DEJA DE SONAR

En 1946 Glenn Ford abofeteaba a Rita Hayworth en “Gilda” en uno de los momentos más icónicos de la historia del cine. La película, un noir modesto, adquirió estatus de clásico y un enorme éxito comercial (especialmente en esa España oscurantista de posguerra) que trascendió de la propia película y convirtió a Hayworth en un icono sexual que redefinió el rol de mujer fatal. “Los sobornados” (The Big Heat) dirigida por Fritz Lang, fue uno de los muchos títulos que se estrenaron al amparo del éxito de “Gilda”. Glenn Ford, ese buen tipo que sabía abofetear mejor que nadie a las mujeres, también era el protagonista y Gloria Grahame, “la chica“. Al personaje de Grahame no la abofeteaban. En su lugar, Lee Marvin le arrojaba café hirviendo en la cara después de llamarla “cerda mentirosa” (había que superar la bofetada a Gilda). A pesar de ganar un Oscar por su trabajo como secundaria en “Cautivos del mal” (The Bad and The Beautiful), Gloria Grahame nunca tuvo el estatus de súper estrella de Hayworth aunque fuera mucho mejor actriz. Los vaivenes de su vida sentimental con los que se escandalizaron los tabloides de la época acabaron prematuramente con su carrera y su estrella se apagó en proyectos de segunda y telefilms. Hoy en día, la imagen de Ford abofeteando a Hayworth ha desaparecido de todos esos montajes en los que se repasan las secuencias más icónicas de la historia. La corrección se impone también en la sala de edición, relegando al olvido a todas aquellas que como Grahame, nunca supieron decir no.

Ahora que nadie se acuerda de Gloria Grahame, el estreno de “Las estrellas no mueren en Liverpool” (Film stars don’t die in Liverpool) la recupera para la gran pantalla con los rasgos de Anette Bening. Basado en las memorias del actor Peter Turner, describe la historia de amor y dependencia entre Grahame y Turner cuando la primera representaba en los escenarios londinenses una adaptación de “Rain” de John Colton. Grahame, a la que ya se le había diagnosticado un cáncer de mama, siempre lo llevó en secreto y en una terrible secuencia de la película, reconoce ante el especialista médico que nunca se sometió a quimioterapia porque los efectos secundarios le impedirían trabajar y ella necesitaba trabajar. Anette Bening interpreta a Grahame con fragilidad y también sensualidad y en esta secuencia en concreto, se derrumba por completo al comprender el precio del sacrificio que ha realizado. El eco de esa declaración reverbera de forma evidente hoy en día cuando actrices de cierta de edad deben someterse a operaciones estéticas para que el teléfono siga sonando y redefine por tanto, el discurso narrativo de la película.

Hay otra secuencia maravillosa en la que Bening y Jamie Bell, que interpreta a Peter Turner, bailan en la habitación del hotel una canción disco. Bening/ Grahame está espléndida, arrebatadora con sus pantalones ajustados, transmite esa cosa que sólo las estrellas de cine de los años cincuenta podían transmitir y que trasciende del tan manido concepto de glamour. No extraña que Bell/ Turner caiga rendido a sus pies y se enamore irremediablemente. La historieta de amor (la cita en el cine, la cena con la familia de ella en Los Ángeles…) sortea el tópico como puede (a nadie se le ocurre ver “Alien” en una cita romántica) pero tampoco se avergüenza cuando cae en él (la representación de una escena de “Romeo y Julieta” en un teatro vacío). Paul McGuigan, su director, oxigena las estancias con un estilizado entrelazado temporal, que no por falto de originalidad, deja de ser efectivo y visualmente atractivo. Por eso, cuando el flashback finaliza y la estancia se queda vacía de la presencia de Grahame/ Bening, el relato y la imagen transmiten esa ausencia y la hiperboliza. La decadencia de ese star system canónico incapaz de subsistir al ocaso de los modelos de producción de los grandes estudios que las había mimado hasta entonces, es el otro gran argumento de la película. Apunte similar al esgrimido por Ryan Murphy en su televisiva “Feud: Bette and Joan” tomando como referencia a dos actrices legendarias, Bette Davis y Joan Crawford, que como Gloria Grahame, arrastraron su leyenda por proyectos de todo tipo y condición, con tal de seguir en el candelero; con tal de seguir trabajando.


Film stars don’t die in Liverpool. Reino Unido, 2017. Director: Paul McGuigan. Guión: Matt Greenhalgh, basado en las memorias de Peter Turner. Con: Jamie Bell, Anette Benning, Julie Walters, Stephen Graham y Vanessa Redgreave. Distribuye: Vértice Cine. Estreno: 18/05/2018.

Author Description

Francisco Martínez

No comments yet.

Join the Conversation