OSCARS’90: LA FORMA DEL OSCAR

A lo largo de nueve décadas, la Academia de Cine de Hollywood ha venido reconociendo la excelencia de todas las cinematografías sin perder de vista necesariamente el sentido del espectáculo. La ceremonia de entrega de los Oscars ha sido hasta ahora el mejor ejemplo de lo que Hollywood entiende como tal. Un sarao de relumbrón que hoy, en la era de las redes sociales trasciende como evento global generador de noticas, tweets y memes (mucho) mas allá de las propias películas que premia. En su noventa aniversario, los académicos han reconocido a “La forma del agua” (The shape of water) como la mejor película del año y a su director, Guillermo del Toro, como el mejor de su gremio. Suma además otros dos premios (banda sonora y diseño de producción) pero pierde en las otras nueve categorías en las que había sido nominada. El balance se puede antojar algo pobre pero teniendo en cuenta la feroz competitividad con la que se ha desarrollado la temporada de premios, realmente estamos ante un triunfo épico. Lo es a pesar de las estadísticas que a fin de cuenta están para romperlas. Lo es a pesar de que Richard Jenkins se quedara sin el Oscar que se merecía.

Para darle emoción a una ceremonia de más de tres horas se mantuvo el suspense hasta el final. Que Martin McDonagh perdiera a manos de Jordan Peele el premio al Mejor Guión Original lo puso todo patas arriba y posibilitó que hasta Cristopher Nolan pudiera ganar un Oscar. No lo hizo y a este paso parece poco probable que lo haga (Stanley Kubrick, Alfred Hitchcock, Charles Chaplin y coetáneos como David Fincher o Paul Thomas Anderson tampoco lo han conseguido). Guillermo del Toro cumplió los pronósticos (antes había ganado el premio del Sindicato de Directores, el BAFTA y el Globo de Oro). Hollywood reconoce la imaginería y la autoría de un director con una carrera muy irregular (a nivel comercial ha sufrido varios desastres y su nombre se ha caído de la mitad de los proyectos mas ambiciosos que ha puesto en marcha Hollywood) pero con una firma muy reconocible. “La forma del agua” ha sido interpretada por la crítica como una respuesta en clave fantástica a las nuevas políticas de la Casa Blanca en materia de inmigración e inclusión social, justo ahora que se proponen fronteras más controladas y muros mas altos. Porque muros ya hay, en todas partes.

Tres anuncios en las afueras” (Three Billboards outside Ebbing, Missouri) se fue desinflando poco a poco. La temporada de premios es lo suficientemente larga y la exposición es tal que mantener el foco durante tres meses es realmente complicado. En el caso de “Tres anuncios en las afueras” ha tenido que lidiar además con el backlash de aquellos que le acusaban de tratar temas tan complejos como el racismo o la homofobia con demasiada condescendencia. Sea o no real, no ha impedido que Frances McDormand gane el segundo Oscar de su carrera y que Sam Rockwell hiciera lo propio como Actor Secundario. McDormand se convierte en la vigésima actriz en tener más de una estatuilla y puso a todo el auditorio en pie con un discurso incendiario pero conciliador sobre la situación de la mujer, broche final a un año decisivo para el futuro de las mujeres dentro de una industria que tiene mucho trabajo por delante para llegar a cuotas de inclusión y equiparación salarial. Gary Oldman por “El instante más oscuro” (Darkest hour) y Allison Janney por “Yo, Tonya” (I, Tonya), completaron el cuadro de ganadores en las categorías de interpretación como Mejor actor y Mejor actriz secundaria respectivamente. La película de Joe Wright ganó además el Oscar de maquillaje, herramienta indispensable para dimensionar el exigente trabajo de Oldman.

Premios de consolación para “Dunkerque” (Dunkirk) (Sonido, Efectos de sonido y Montaje) y “Blade Runner 2049” (Efectos Visuales y Fotografía) por el alarde técnico. Roger Deakins consiguió su primera estatuilla después de haber sido nominado hasta en trece ocasiones. La Academia reconocía el trabajo de un cineasta imprescindible para entender los claroscuros de la filmografía de los hermanos Coen y creador de atmósferas tan evocadoras como inquietantes en títulos como “Kundun“, “Cadena perpetua“, “Prisioners” o “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford“.

También ganó James Ivory después de haber sido nominado como director en tres ocasiones. Lo hizo por escribir el guión de “Call me by your name” lo que le convierte en la persona más mayor en ganar nunca un Oscar. Ivory que cumplirá noventa años este año, vistió una camisa con un fotograma impreso de la película con la cara de Timothée Chalamet y se emocionó al recordar a la que fue su pareja en la vida y en el cine durante cuatro décadas, Ismael Marchant y a su guionista de cabecera, Ruth Prawer Jahbvala. Fue un momento realmente emocionante, conclusión de una carrera extraordinaria.

Desde 1956, la Academia reconoce el trabajo de cinematografías “extranjeras” con un Oscar a la Mejor Película de habla no inglesa. Las normas no impiden que esas películas puedan participar en el resto de categorías lo que ha provocado a lo largo de la historia numerosos sinsentidos. Este año el premio fue para “Una mujer fantástica” de Sebastian Lelio, gesta histórica para la cinematografía chilena que hasta ahora nunca lo había ganado. Más allá del anecdotario, mucho más relevante fue la presencia sobre el escenario como presentadora de su protagonista, Daniela Vega, la primera vez que Hollywood invitaba a una intérprete transexual a su ceremonia. Un gesto por la visibilidad que se materializó en otros momentos de la gala que si por algo destacó fue por un inusual compromiso por las políticas de integración y su apoyo incondicional al movimiento #meToo y #TimesUp.

Uno podría haber esperado que tratándose de un aniversario tan especial, los responsables de la ceremonia apostaran por una puesta en escena más ambiciosa y que de alguna forma, esos noventa años de historia vertebraran su narrativa. No fue así. Una serie de vídeos salpicaron los intermedios, pero nunca se tiró de la nómina de momentos históricos que se han vivido a lo largo de sus noventa años de vida. Se antojó deslucida y sobre todo desmemoriada. Una ocasión perdida para que Olivia de Havilland pasara revista a todos.

 

 

 

 

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Francisco Martínez

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