OSCARS’90: MEJOR PELÍCULA DEL AÑO

La sensación de que muchos de los nueve títulos nominados al Oscar a Mejor Película no lo hubieran estado hace tan sólo unos años, parece dar la razón a aquellos que se han esforzado por abrir las puertas de la Academia de Hollywood para hacerla más inclusiva y convertirla en un referente cinematográfico global. Por supuesto, la Academia no puede ser ajena a la realidad social, las minorías que la conforman y los movimientos sociales que la definen y hacen avanzar. Parece poco probable que una película como “Lady Bird” hubiera tenido presencia mas allá de la categoría de Mejor Guión Original en la carrera diez años atrás. Por supuesto, por el hecho de estar dirigida por una mujer, pero también por el tipo de película que es, una improvisación sobre la incertidumbre y la necesidad de saltar de un coche en marcha. En el 2006 “El instante más oscuro” habría ganado los 6 Oscars a los que está nominada. La película de Joe Wright es la que mejor ejemplifica la convivencia del viejo y el nuevo académico. Que la película favorita de Barbra Streisand este año sea “Tres anuncios en las afueras” no nos despiste; probablemente Olivia de Havilland haya tirado el “For your consideration” de Fox Searchlight por la ventana de su ático en París al tercer “Fuck“.

Así las cosas, superada una carrera como viene siendo habitual en los últimos años, algo atípica, toca reconocer que estamos ante un grupo de nominados realmente atractivo que conforman un caleidoscopio de géneros, miradas y emociones que definen el tiempo y la sociedad en la que vivimos, ya sea desde nuestro pasado más reciente (“Los archivos del Pentágono“, “El instante más oscuro“, “Dunkerque“), desde el imaginario y la parábola fantástica (“La forma del agua“, “Déjame salir“) o desde las visceralidad con la que nos gobiernan los sentimientos más básicos: deseo (“Call me by your name“), venganza (“Tres anuncios en las afueras“), dolor (“El hilo invisible“) y ansias de libertad (“Lady Bird).

Las nominadas  al Oscar a la Mejor Película del año son:

LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO (The Post) de Steven Spielberg

Debería ganar porque pocos cineastas tienen el compromiso de Steven Spielberg con el relato de la Historia. Ahora que los medios de comunicación están cuestionados desde las propias instituciones políticas y que la prensa se enfrenta a su mayor desafío (no sólo técnico) una película como “Los archivos del Pentágono” no sólo reivindica el oficio de periodista sino el compromiso de la prensa con la verdad, aunque ésta te ponga contra las cuerdas. Lo hace además con el ritmo de una película de género entorno en el que Spielberg se siente como pez en el agua y en el que aventaja a cualquier otro cineasta en activo. Por si todo esto fuera poco, en un año tan relevante para la mujer dentro y fuera de la industria, la película se revela como el poderoso retrato de una mujer que tuvo que enfrentarse a todo y a todos, incluida ella misma.

CALL ME BY YOUR NAME de Luca Guadagnino

Debería ganar porque es el mejor título del año y ningún otro ha hecho partícipe al espectador de las emociones, el sabor o el dolor por las que transita la película. Porque consigue que sientas lo fría que está el agua donde Timothée Chalamet y Armie Hammer se bañan (y bajan el calentón), del mismo modo que te abrasa el fuego reflejado en la mirada de Elio en ese inconmensurable plano final sostenido durante cuatro largos minutos al son del “Visions of Gideon” de Sufjan Stevens. Por todos los veranos en los que, montando tu bicicleta, decidiste perderte y ver hasta donde te llevaba ese desvío.

DÉJAME SALIR (Get out) de Jordan Peele

Debería ganar porque siendo como es, una modestísima producción de serie B de terror ha reabierto un debate social que muchos creían resuelto. Jordan Peele construye una inteligente parábola social en la que se ve reflejada la brecha racial que segrega Estados Unidos desde hace siglos. Brecha que sigue abierta como ha evidenciado la victoria electoral de Donald Trump. Pocas películas este año han tenido el impacto social que “Déjame salir” ha tenido, al menos en Norteamérica. Ninguna otra película tiene imágenes tan icónicas como la de Daniel Kaluuya, llorando, inmovilizado, consciente de lo que están a punto de hacerle.

DUNKERQUE (Dunkirk) de Cristopher Nolan

Debería ganar porque es el trabajo más ambicioso de los nueve nominados. Cinematográficamente, a nivel técnico, no tiene parangón. Cristopher Nolan propone un mirada inmersiva en el conflicto bélico para lo cual extrae el máximo partido de todos los elementos con confluyen en la elaboración de una película. Rodada en 70mm, “Dunkerque” supone una exposición total para los sentidos, desde el sonido, la textura de la imagen, las fibras de los uniformes de los soldados, la música milimétrica de Hans Zimmer o su orgánica concepción del montaje: todo está configurado, alineado, bajo la férrea dirección de Nolan para reinventar la experiencia cinematográfica.

LA FORMA DEL AGUA (The shape of water) de Guillermo del Toro

Debería ganar porque a veces, son los antihéroes los que ponen a salvo el planeta. Guillermo del Toro se rodea de una cuadrilla de héroes invisibles a los ojos de la sociedad y pone el foco en lo fascinante que resulta todo aquello que es diferente. Porque en un tiempo en el que se quieren levantar muros y reforzar los controles fronterizos, Del Toro aboga por lo raro y convierte a una mujer de la limpieza de color, un dibujante homosexual, un comunista, una sordomuda y un improbable hombre pez en un verdadero escuadrón de súper héroes. Porque ya está bien de que Iron Man salve el mundo.

EL HILO INVISIBLE (Phantom Thread) de Paul Thomas Anderson

Debería ganar porque reinventa las claves de la pasión romántica desde el dolor y lo afrodisiaco. Paul Thomas Anderson deconstruye el cine de tacitas desde el genio y la mala hostia evocando a las historias de fantasmas y las ruinas por las que arrastran sus cadenas. Las ruinas son las de una sociedad inestable en constante transición. Por los mensajes que ocultan las costuras con las que todos en mayor o menor medida nos vestimos cada día; frases sueltas, invisibles a la vista, que perfilan el relato de nuestros vidas. Supone además la última interpretación (delante de las cámaras al menos) de Daniel Day-Lewis y por si todo esto fuera poco, tiene la banda sonora (de Jonny Greenwood) más hipnótica y sugerente del año.

EL INSTANTE MÁS OSCURO (Darkest Hour) de Joe Wright

Debería ganar porque ahora que Europa quiere recuperar las fronteras por las que se llegaron enfrentar durante años, siglos y nuestros líderes políticos son incapaces de conectar con las necesidades de los ciudadanos que gobiernan con total desconocimiento, “El instante más oscuro” resucita a una de las figuras más controvertidas e inspiradoras del siglo XX, Winston Churchill sin caer en las lecciones de historia. Ante la desintegración de la Europa tal y como la conocemos, Joe Wright apela al discurso integrador de Churchill para recordar lo relevante de permanecer unidos, en los buenos pero también en los malos momentos.

LADY BIRD de Greta Gerwig

Debería ganar porque no vamos a tener muchas otras oportunidades en los próximos diez o quince años en volver a ver a una mujer nominada en las categorías de Mejor Película y Mejor Director. Greta Gerwig realiza un trabajo maravilloso, sin ser consciente de que estaba rompiendo ese techo de cristal invisible que ha mantenido al margen de la industria a directoras de todo tipo y condición. “Lady Bird” es una filigrana tan complicada de levantar, en la que la funcionan absolutamente todos sus elementos, que resulta intolerable pasarla por alto. Porque a veces hay que saltar de un coche en marcha para poder romper ese techo de cristal.

TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS (Threee Billboards outside Ebbing, Missouri) de Martin McDonagh

Debería ganar porque parte del peor punto de partida posible para a partir de ahí encontrar la redención. Ahora que Twitter se ha convertido en foco moral de nuestra sociedad, resulta especialmente atrevido y conmovedor ver a unos personajes que reconocen haberse equivocado pero que son consecuentes con su terrible pasado. El poder perdonar es sin duda el acto más complejo y trascedente que puede realizar un ser humano y debería ser mucho más sencillo. Martin McDonagh disecciona la América profunda que ha convertido a Donald Trump en presidente desde el humor y la violencia para construir un relato sobre el perdón los sacrificios que conlleva.

Apuesta de AYFE: Tres anuncios en las afueras de Martin McDonagh.

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Francisco Martínez

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