OSCARS’90: MEJOR PELÍCULA: DUNKERQUE

El cine como expresión artística pero también como reflejo de su tiempo, no es (no puede ser) ajeno a lo que ocurre a su alrededor. El director, cómo figura representativa en la que descansa el reconocimiento de una obra cinematográfica (aunque solo sea para su reconocimiento o abucheo) tampoco es ajeno. Que un breve espacio de tiempo hayan surgido cuatro aproximaciones que ya se forma directa (“Churchill” de Jonathan Teplitzky y “El instante más oscuro” (Darkest hour) de Joe Wright) o indirecta (la teleserie “The Crown” de Stephen Daldry y “Dunkerque” (Dunkirk) de Cristopher Nolan) aborden la figura del dirigente político Winston Churchill y en concreto, uno de los episodios bélicos más asombrosos de la II Guerra Mundial, no puede ser casualidad. No puede ser casualidad que ahora que Europa se enfrenta al Brexit y que Estados Unidos está gobernada por el presentador de un reality-show cineastas como Stephen Daldry, Joe Wright o Cristopher Nolan se hayan sentido inspirados por aquellos sucesos históricos. El cine, una vez más, mira a su alrededor y crea sus propias narrativas.

Parece inevitable que los libros de historia incluyan a “Dunkerque” dentro de una corriente anti Brexit de la que sin embargo, el propio Nolan quiso desmarcarse en su estreno. Convertido en uno de los cineastas más relevantes del cine contemporáneo, “Dunkerque” supone un novedoso punto de inflexión dentro de su filmografía, apegada hasta ahora al cine fantástico o el thriller. El contexto histórico dota de cierta gravedad dramática al malabarismo narrativo y los juegos de sonido y montaje. Estructurada en tres actos diferenciados (tierra, mar y aire) Nolan juega de forma caprichosa con el tiempo construyendo un puzzle narrativo (marca de la casa) que toma aliento por el pulso dramático del relato. La apuesta es realmente provocadora, tanto por las formas cómo por la utilización que hace de la anécdota histórica en sí. La evacuación de la playa de Dunkerque poco antes de ser tomada por el ejército nazi puede ser interpretada como un fracaso o como una victoria. La Historia la escribe siempre el bando ganador pero Nolan está decidido a reescribirla y lo hace sin atisbo de triunfalismo.

Que una película como “Dunkerque” haya recaudado más de 500 millones de dólares, sin ninguna estrella en su póster promocional, apelando únicamente al reclamo de Cristopher Nolan como realizador evidencia la huella que ha dejado en la cultura popular. Nolan ha construido una gramática cinematográfica fundamentada en el uso del sonido y el montaje lo que le permite deconstruir el relato, dejarlo en los huesos y a partir de ahí contar algo completamente nuevo. Lo hace con los ruidosos silencios de los tres soliloquios con los que apuntala el corazón de “Dunkerque” haciendo que la odisea conste, que el alarde técnico pase a un segundo plano y que la historia respire, tome cuerpo y haga vibrar al espectador.

 

 

 

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Francisco Martínez

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