OSCARS’90: MEJOR PELÍCULA: DÉJAME SALIR

Cuando en 1967 se estrenó en Estados Unidos “Adivina quién viene esta noche” (Guess who is coming to dinner) el matrimonio interracial era ilegal en 17 estados (el caso “Loving” terminaría con esa lacra). La película fue un enorme éxito comercial y provocó el debate en un contexto social realmente turbulento (el mismo año que “Adivina quién viene esta noche” perdía el Oscar a la Mejor Película lo ganaba un drama policial con la cuestión racial de fondo como “En el calor de la noche” (In the heat of the night). Cincuenta y un año después la brecha racial sigue abierta y la sociedad americana, incapaz de pasar página, perpetúa la desigualdad. En este contexto, el estreno de “Déjame salir” (Get out), pocos meses después del fin de la era Obama y el principio de la administración Trump puso el foco en esa brecha que hasta entonces había estado mal disimulada.

Déjame salir” es una modesta producción de Blumhouse, casa especializada en cine de terror y fantástico y como tal fue estrenada el 24 de febrero de 2017. Jordan Peele, que debuta como director, es muy conocido en Estados Unidos como responsable de “Kay and Peele” un programa de cámara oculta y quizás por eso en un momento, alguien pudo interpretar a “Déjame salir” como comedia o parodia de situación (al estilo de las teleseries de los noventa): nada más lejos de la realidad. La culpa es de Will Smith. Bill Cosby primero y Smith acabaron (al menos desde la pantalla de televisión) desterraron la imagen de una América segregada de los hogares norteamericanos. La realidad, como ha demostrado el paso del tiempo, era muy distinta. Hollywood había dulcificado el conflicto convirtiéndolo en excusa para comedias románticas. Cuando en 2005 se estrenó “Adivina quién” (Guess who), remake de “Adivina quién viene esta noche“, nada quedaba del trasfondo político y social de aquella. Los guionistas se limitaron a invertir los roles, convencidos de que la historia funcionaría como un tiro. No lo hizo y nadie se acuerda de esa película hoy porque era pura ciencia ficción.

La historia de “Déjame salir” funciona porque juega muy bien en cada uno de sus giros incluso cuando se revela como relato de horror, quizás el más arriesgado (aunque definitivamente los apuntes gore no encajen tan bien). El entorno rural propicia lo extraordinario. Una pareja interracial en una ciudad como Nueva York no llama la tención, pero cuando te mueves unos kilómetros más al sur todo se enrarece y aceptas barco cuando de repente descubres que tu suegro (spoiler) ha montado un quirófano para hacer lobotomías en el sótano de casa. La parábola social y racial tiene un arco narrativo muy poderoso y si trasciende es precisamente porque el espectador, sobre todo de color, se reconoce en esa situación de incomodidad, de sentirte observado, de pequeños gestos que te hacen sentir diferente.

Que una película como “Déjame salir” haya tenido tanto éxito y estemos hablando como la nominada al Oscar a la Mejor Película del año nos sólo por ser una buena película de terror, si no porque ha generado una narrativa propia, ha mantenido la conversación abierta y en última instancia ha provocado un debate en torno a la raza y las minorías que por si a alguien le quedaba duda, ahora en la América de Trump, no está ni mucho menos resuelto.

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Francisco Martínez

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