OSCARS’90: MEJOR PELÍCULA: LA FORMA DEL AGUA

Los cielos nunca volvieron a ser lo mismo desde que Howard Hawks nos advirtiera en “El enigma del otro mundo” (The thing from another world, 1951) que los vigiláramos. La amenaza, hasta entonces algo abstracto, se concretó durante la Segunda Guerra Mundial y acabada la contienda, durante la llamada Guerra Fría se pasó del terror a la paranoia. Fruto de esa paranoia nacieron los monstruos y del terror a lo desconocido, los refugios subterráneos y los muros. Guillermo del Toro, que como cineasta ha estado a ambos lados de ese muro, sabe que la única forma de derribar los muros que levanta el miedo (muchas veces irracional) es a través de la educación y el amor. “La forma del agua” (The shape of water), su último trabajo como director, utiliza los resorte de ese cine de serie B para construir un relato que cómo aquellos, además de criaturas mutantes, habla de muchas otras cosas.

Por ejemplo, de diversidad. Que los héroes de una historia que deviene en fábula romántica, sean un atajo de marginados sociales (una empleada de la limpieza negra, un dibujante homosexual, un mutante mitad hombre/ mitad anfibio, un perseguido político y una discapacitada física incapaz de hablar) no puede ser casual. Guillermo del Toro que escribe el guión junto a Vanessa Taylor, son conscientes de que sus protagonistas son atípicos pero esto no condiciona su heroicidad. Juntos, tejen una red que les parapeta ante las injusticias de una sociedad que no les da cabida y que los oculta en instalaciones subterráneas. Del Toro reconstruye el envoltorio visual de un cuento a ratos tétrico con ecos fantacientífico que contrasta con las claves de una historia con un trasfondo social evidente. Su fuerza narrativa surge necesariamente de ese contraste y de una puesta en escena en la que los espacios (la frialdad del laboratorio científico, el acogedor hogar de Elisa ubicado encima de una sala de cine donde proyecta películas de contenido religioso, las desoladas afueras o los muelles donde ruge furioso el mar contra la ciudad) y la luz (la fotografía es de Dan Laustsen, un habitual del cine de terror y que ya colaboró con Guillermo del Toro en “La cumbre escarlata” (Crimson Peak) donde recreaba algunas de las imágenes más provocadoras del cine de terror reciente) contribuyen a la sensación de ensueño, pero también de desarraigo (en el caso del científico comunista cuando es asaltado en su propia casa mientras se plancha un pantalón), de hogar (el que comparten Elisa y Giles; Elisa duerme en su sofá hasta que decide meterse en la bañera) hasta que torna incluso en pesadilla (el perfecto hogar y la perfecta familia del Richard Strickland, el agente que interpreta Michael Shannon, no puede ser más aterrador).

La forma del agua” funciona a distintos niveles (como relato de ciencia ficción, romántico, de terror incluso como comedia) y funciona bien en cada uno de ellos. La mezcla de géneros le da robustez, sofistica su estructura en un todavía más. Sally Hawkins, Richard Jenkins, Michael Stulhbarg y Octavia Spencer lideran el reparto (tres de ellos han sido nominados al Oscar) y dotan de emoción a sus personajes más allá de sus formas. Guillermo del Toro construye con ellos una historia sobre la relevancia de las minorías y su mensaje reverbera en nuestro presente, donde la obsesión por la apariencia, la sordera institucional y la política espectáculo nos ha convertido en seres insensibles ante lo diferente. Ya no es miedo, es indiferencia ante al refugiado, ante aquello que no entiendes y eso, sí que es terrorífico.

Ganadora de 4 Oscars: Mejor Película, Director, Música y Dirección Artística.

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Francisco Martínez

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