OSCARS’90: MEJOR PELÍCULA: EL HILO INVISIBLE

Como parte de su ritual de cortejo, a Reynolds Woodcock, el protagonista de “El hilo invisible“, le gusta conocer las medidas de su objeto romántico. Con la precisión de un cirujano (o de un carnicero), mide metro en mano, cada centímetro de su cuerpo mientras su hermana y compañera de negocio anota en un cuaderno todo lo que canta. La secuencia, rodada en taller de la casa de los Woodcock, tiene cierto toque de extrañeza y a ratos resulta violenta. Podrían con la misma calma con la que anotan el largo del brazo, desmembrarlo y a continuación comérselo acompañado con unas setas frescas. El desasosiego es parecido; lo paradójico es que “El hilo invisible” es un drama romántico, no una snuffmovie, y sin embargo, ese deje caníbal está presenta en toda la película.

Paul Thomas Anderson no está interesado en el relato tradicional chico-conoce-chica, sino más bien en el chico-conoce-chica y te encierro en mi castillo. El propio Anderson menciona a la Sra. Danvers como uno de los referentes para describir a Cyrill, la hermana de Reynolds, lo que convierte a éste en una suerte de Max De Winter, atormentado por un fantasma del pasado que campa a sus anchas por la casa y por su cabeza. La irrupción en la apacible existencia de estos dos hermanos consagrados al oficio de costurero para la alta sociedad europea, de una anodina camarera pone en evidencia los grilletes que mantienen en equilibrio la casa Woodcock y lo hace con un gesto tan sencillo y en apariencia anodino como untarse una tostada con mantequilla y comérsela durante el desayuno.

El hilo invisible” es un melodrama sobre la decadencia (que no decadente) de un modo de vida en el que la irrupción de Alma, esa camarera capaz de desestabilizar los cimientos de esa sociedad agonizante con el mordisco de una tostada, funciona como lo hace un virus en un organismo vivo, destruyendo las defensas de un modelo social de clases que durante siglos ha permanecido inalterable (al menos hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, precisamente el periodo en el que está ambientada la película). Evidentemente, Reynolds se rebela contra ese virus; su cuerpo reacciona de forma virulenta pero una vez superado, se descubre revitalizado y lleno de nuevas fuerzas. Otros no lo superarán, viviendo sus últimos días como fantasmas de un pasado cada vez más borroso, invisibles.

Nominada a seis Oscars: Mejor Película, Director, Actor, Actriz secundaria, Música y Vestuario.

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Francisco Martínez

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