OSCARS | 17: MOONLIGHT GANA Y MARCA EL NUEVO RUMBO DE A ACADEMIA

Durante al menos cinco minutos “La La Land (La ciudad de las estrellas)” ganó el Oscar a la Mejor Película del año. Warren Beatty miró y remiró la tarjeta con el nombre de la ganadora, trabajó el suspense pasándole el honor a su compañera, Faye Dunway que, exultante, pronunció “La La Land”. Los invitados a la 89 edición de los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood aplaudieron en pie y la orquesta tocó la música de Justin Hurwitz que poco antes había sido considerada la mejor banda sonora del año. Hasta aquí lo normal. Lo que nadie podía intuir es que detrás de las cámaras se estaba desatando una crisis inaudita en la historia de los Oscars. Alex De La Iglesia, invitado en el gallinero podía advertir como los técnicos, asomados desde bambalinas le advertían a Beatty: “Warren, no, que es este”. Había que parar aquello como fuera. Los productores de “La La Land” ya estaban agradeciendo a sus familiares y amigos. Supongo que en ese lapsus de tres, cinco minutos a algún responsable de la gala se le debió pasar por la cabeza hacer como si nada, tirar para adelante. Como decía Juan Sanguino en su cuenta de Twitter, nadie se había sorprendido cuando Faye anunció que la ganadora era la película de Damien Chazelle. Acaba de ganar el premio al Mejor Director y a la Mejor Actriz protagonista y era lo que todos los que estaban allí sentados y todos los que estábamos en casa esperábamos escuchar. “Si hubiera sido “Comancheria” (Hell or high water)…” – seguía ironizando Sanguino… pero no. Al final, técnicos, notarios, organizadores y hasta Jimmy Kimmel irrumpieron en el escenario con el sobre correcto que contenía el nombre de la auténtica ganadora de la noche, “Moonlight” de Barry Jenkins.

La empresa responsable de garantizar la legalidad del proceso de votación y preservar el nombre de los ganadores ha anunciado una investigación para esclarecer lo ocurrido. Al parecer los organizadores dieron a Warren Beatty el sobre equivocado, un duplicado del que poco antes había abierto Leonardo DiCaprio para anunciar que Emma Stone era la mejor actriz del año. Beatty intentó pararlo pero Faye, recién salida del quirófano y consciente de que probablemente era el último momento de gloria de su carrera, tiró de imaginación e interpretó erróneamente que la ganadora era “La La Land”. Fin de la historia. Maruja Torres fue de las primeras en dar una de las claves de la mayor metedura de pata en la Historia de los premios: “Tanto operarse y se olvidaron de la vista”. En efecto, hubiera bastado para leer el membrete que lucía en el exterior del sobre: “Mejor actriz protagonista”. El error, que debería haberse quedado en anécdota, se ha hiperbolizado por el impacto de las redes sociales y la inmediatez con la que la información es transmitida hoy día a todos los rincones del planeta. Sea quien sea el responsable, un fallod de estas características, televisado en directo a todo el planeta, ofrece una imagen lamentable de un evento como los Oscars y supone una muy amarga despedida para Cheryl Boone Isaacs que deja este año la presidencia de la Academia.

Después de que Beatty y Dunaway reventaran la gala, toca repasar unos premios más repartidos de lo esperado (algo que empieza a ser tendencia en las últimas ediciones) y que han reconocido a un heterodoxo grupo de trabajos que van desde el cine más comercial (“Suicide Squad”, “Animales fantásticos y donde encontrarlos” o “Zootopia” consiguieron una estatuilla cada una) al alarde de autor que recompensa a “Moonlight” como la mejor película del año. “La La Land (La ciudad de las estrellas)” fue el título más galardonado con 6 Oscars, entre ellos el de Mejor Director, pero por cuarta vez en los últimos cinco años, ser el mejor director del año no es sinónimo de haber dirigido la mejor película del año. La diversidad, en número y temática, de los ganadores ofrece la imagen de una Academia más fragmentada que nunca (consecuencia lógica de un giro en las políticas de admisión impulsada por la saliente Boone Isaacs) que es capaz de reconocer un trabajo tan a contracorriente y minoritario como “Moonlight”, algo impensable hace unos años (de ahí la sorpresa mayúscula que supone su victoria). Su triunfo reconcilia a la Academia con todos aquellos que se sintieron absolutamente defraudados (y marginados) cuando hace diez años no tuvo el coraje para reconocer a “Brokeback Muntain (En territorio vedado)” y en un giro similar de los acontecimientos, pero sin el bochorno del fallo de organización, reconoció a un producto tan convencional como “Crash”.

Moonlight” ganó el Oscar a Mejor Película, Mejor Guión Adaptado y Mejor Actor Secundario para Mahersala Ali. Tenía 8 nominaciones por lo que su bagaje final se antoja agridulce, tanto por la forma en la que ha sido elegida como en número. Si tanto les ha gustado la película de Barry Jenkins tenían en sus manos la posibilidad de hacer historia y reconocer al que hubiera sido el primer director afroamericano en ganar el Oscar. Su fotografía y su montaje tampoco eran opciones descabelladas. En lugar de eso, el resultado final es lo suficientemente variado como para contentar a todos (bueno, a todos menos a los responsables de “Figuras ocultas (Hidden figures)”, “Comancheria” y “Lion” que se han ido de vacío). Los 6 premios de “La La Land (La ciudad de las estrellas)” saben a muy poco, aunque incluyan Mejor Director, Mejor Actriz, para Emma Stone, y Mejor Fotografía. Emula a “Cabaret” (1972) que habiendo ganado 8 premios, vio como era “El Padrino” (The godfather) la que se llevaba el Oscar de Mejor Película. Salvando las distancias con la obra magna de Francis Ford Coppola, el triunfo de “Moonlight” certifica el nuevo rumbo de la Academia y a un nivel más profundo, supone el reconocimiento a un tipo de cine definido erróneamente como minoritario, capaz de sorprender y emocionar al espectador que se atreva a verla sin necesidad de recurrir a efectos ni falsos alardes. Un trabajo de autor con una gramática propia que tiene todavía muchas cosas que decir.

Si el triunfo de la película de Barry Jenkins supuso toda una sorpresa, los dos Oscars de “Manchester frente al mar“, mejor actor protagonista para Cassey Affleck, y mejor guión original y “Hasta el último hombre” (Hacksaw Ridge), mejor montaje y efectos sonoros y el reconocimiento al sonido de una obra de la altura de “La llegada” (Arrival) elevan el nivel del palmarés. Las tres son películas muy complejas, nada complacientes con su espectador que te sitúan ante una serie de desafíos narrativos y sentimentales.

Acaba una temporada inusualmente tranquila (todos daban por certificada la victoria del musical de Damien Chazelle), sin polémicas o campañas controvertidas afectada de golpe, eso sí, por el terremoto político que atraviesa Estados Unidos. La victoria de “Moonlight” puede que sea interpretada en el futuro como una respuesta de Hollywood a las políticas de su Gobierno en materias de inmigración o integración social (esa línea parece haber sido decisiva por ejemplo para entender el triunfo de “The salesman” de Asghar Farhadi en la categoría de Mejor Película Extranjera) pero la realidad que a día de hoy podemos narrar, podemos escribir es que la película de Barry Jenkins es la justa ganadora de un año en el que el cine americano ha sido capaz de mirar a su alrededor y entender, al fin (y esto no ocurría desde que los cineastas de la década de los setenta tomaron el control de sus trabajos), la diversidad que conforma el tejido humano de la sociedad estadounidense.

Palmarés completo y toda la información sobre la ceremonia en la web de Oscar.

La foto para la historia:

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Francisco Martínez

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