EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS: Simios indignados

… ahuyentado esa tempestad a la que llamamos progreso“. La cita hace referencia a un cuadro de Paul Klee que Stephane Hessel menciona en su manifiesto “¡Indignaos!” (Ed. Destino, 2010). En el se puede ver la figura de un ángel que abre sus brazos intentando ahuyentar una tempestad que uno de los primeros propietarios del cuadro, el filósofo Walter Benjamin, interpretó como “el progreso”. Esa pesimista interpretación de la obra de Klee coincide con una visión distópica de la Historia cuya marcha inevitable es ir de catástrofe en catástrofe. El progreso como cáncer que condena al ser humano a su extinción. Así, cuando Charlton Heston se arrodillaba impotente ante los restos de la Estatua de la Libertad al final de “El Planeta de los Simios” (Franklin Schnaffer, 1968), lo hacía en realidad ante los escombros de una Civilización, la nuestra, que había sido incapaz de hacer frente a su propio desarrollo. Cuarenta y tres años después Hollywood indaga en el origen de esa poderosa imagen, icono ya la historia del cine y lo hace dentro de un contexto social de crispación y desencanto social que como insiste Hessel en su obra, incita a la indignación.

El mayo del 68 simio

Simios 2 

Pierre Boullé publicó la novela en la que se basa la película original en 1963 en medio de una de las décadas más convulsas del siglo XX. Cinco años más tarde, coincidiendo con el estreno de su adaptación cinematográfica, estallaría el famoso Mayo del 68 francés, provocando la mayor huelga de la historia de Europa y la primera rebelión contra el sistema capitalista moderno que a su vez hunde su raíces en la crisis económica actual. No deja de resultar interesante que Hollywood haya decidido revitalizar una franquicia agonizante, cuyo último intento de resurrección perpetrado por Tim Burton en 2001 se saldó con un fracaso, en este complicado contexto social. Su éxito en la taquilla evidencia la crispación de la sociedad y la necesidad que ésta tiene de hacer escuchar su voz. El grito de César, el simio que desata la primera rebelión frente a sus compañeros es una llamada al alzamiento, del mismo modo que el Hombre lo ha ido profiriendo a lo largo de los siglos, frente a aquellos que le han esclavizado, sometido o vejado. Aunque tampoco hay que llevarse a error: estamos hablando de una superproducción de Hollywood.

Una nueva especie dominante

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La película de Rupert Wyatt indaga en las causas que llevaron a los simios a desarrollar su inteligencia y como terminaron heredando el planeta. Porque efectivamente es el Hombre el único causante de su propia aniquilación. Si en los años sesenta era el pánico a una hipotética guerra nuclear, en la actualidad Wyatt centra su atención en la investigación científica, demonizando una forma de progreso basado en la mercantilización de los avances científicos y una burocracia internacional incapaz de reaccionar ante los principales males de nuestra sociedad: el hambre y la enfermedad del tercer mundo. Así, es un hombre, un científico empeñado en encontrar una cura contra el alzheimer, interpretado con la somnolencia familiar de un atontado James Franco, el que pone en entredicho con su descubrimiento los verdaderos intereses de la multinacional que lo apoya, provocando el descontrol y la expansión de una pandemia de efectos devastadores. Y sin embargo será un simio, César, interpretado con maestría digital por Andy Serkis, el que alzará su voz y la de todos los de su especie reivindicando su independencia y su derecho a cruzar el puente hacia algo parecido a un hogar. Un hogar, el planeta Tierra, que lentamente irá quedando desierto de seres humanos,  enguillido por la Naturaleza salvaje y escenario de una nueva especie dominante.

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Francisco Martínez

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