THE BLING RING:ASOMÁNDOSE AL VACÍO

En su último disco, “Work Bitch”, Britney Spears entona toda una declaración de intenciones que viene a afrontar uno de los males endémicos de nuestra sociedad: si quieres un tener el cuerpo de una modelo, si quieres un Maseratti, tomar martinis y vivir en una gran mansión, será mejor que te pongas a trabajar, zorra. Spears le podía cantar esta canción a cualquiera de las protagonistas de “The Bling Ring”, quinto trabajo de la realizadora Sofia Coppola en la que constante, incide en una estética del vacío para constatar la soledad inevitable que conlleva la adolescencia.

Como todo proceso judicial en el que se ven implicadas celebridades de distinta índole, el caso de los asaltos a las casas de famosos como Paris Hilton, Orlando Bloom o Lindsay Lohan alimentó durante meses los blogs de cotilleo. Una vez dictada sentencia, Vanity Fair supo analizar la trascendencia de una causa que iba más allá de la condena impuesta en un artículo llamado “Los sospechosos usaban Louboutines”.  Porque más allá del hecho delictivo en sí mismo, lo que se escondía era una conducta que bordeaba la sociopatía. La de unos adolescentes que han perdido la noción de la importancia de cualquier norma social, sus leyes o los derechos individuales. La han perdido viendo los reality shows de la MTV, los videos pornográficos de Paris Hilton y los rankings con los mejor y peor vestidos de In Touch.  Escuchando las letras orgiásticas que hablan de coches de lujo y denigran a la mujer de raperos y estrellas del pop: “Feels so good being bad. There’s no way I’m turning back. Now the pain is my pleasure, casue nothing could measure”. Ya en “Spring Breakers” Harmony Korine era capaz de convertir la canción “Everytime” de Britney Spears en una especie de himno generacional capaz de reflejar la fragilidad del adolescente frente a un mundo adulto que en realidad, a pesar de todo, no conoce en absoluto (y con el que se dará de bruces al instante). verytime I try to fly I Fall. Without my wings I feel so small”.

El debut de Sofía Coppola en la dirección adaptando nada menos que a Jeffrey Eugenides supuso un tratado sobre la adolescencia en toda la regla y una declaración de intenciones. Estética y narrativamente, “Las vírgenes suicidas” es ciertamente deudora del Coppola padre (Francis Ford) de “Rebeldes” o “La Ley de la calle”, poéticas recreaciones de un ideal adolescente en su tránsito hacia la madurez, y de alguna forma, la carrera de su hija está marcada por ese ideal. Sus siguientes trabajos, la sobrevalorada “Lost in Translation” y la vilipendiada “Maria Antonieta” ahondaban en los desajustes hormonales propios de edad y su extrañeza ante los adultos que los rodean. En Cannes, le llovieron críticas de todos los palos por hacer sonar a Aphex Twin en los pasillos de Versalles pero mas allá de su banda sonora, lo que no se le perdonó a Coppola fue la aparente frivolidad con la que se aproximó a una figura histórica como Maria Antonieta y una época tan convulsa como la Revolución Francesa. En “Somewhere”, polémico León de Oro en el Festival de Venecia de 2010, Sofia Coppola vació casi por completo su discurso, desnudándolo hasta rozar el exhibicionismo. Lo hacía para contar la historia de una estrella de cine encerrada en una habitación de un hotel de lujo, incapaz de hacer frente a la realidad (y lo que ella acarrea). Con “The Bling ring“, su último trabajo, le han vuelto a tachar de superficial y de caer en el vacío que presuntamente quiere denunciar. Nada más lejos de la realidad. “The Bling ring” es un extraordinario relato sobre el vacío y los abismos a los que te asomas a los dieciséis años. Los zapatos con los que lo hace, en realidad es lo de menos. Coppola evita conscientemente el relato moral pero sin ser condescendiente. Muestra los distintos robos como una sucesión de secuencias filmadas con asepsia y sin embargo se recrea en la utilería, dándole una importancia en principio desproporcionada pero que a la postre conforman los principales apuntes para desgranar la personalidad de sus protagonistas. Para aquellos que tildan la película de superficial, un último apunte: el plano final de Emma Watson mirando fijamente a cámara, dirigiéndose a un espectador al que no le será difícil reconocerse.

Escucha la música de este post en Spotify, The Bling Ring Review.

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Francisco Martínez

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