RUSH: A TODO GAS

En 1976 una media de dos pilotos moría en los circuitos de la Fórmula 1. Una estadística feroz que escuderías, patrocinadores y organizadores utilizaban como gancho para seducir a un público ávido de morbo y unas cadenas de televisión que empezaban ya a descubrir el poder de las retransmisiones en directo. En ese contexto dos pilotos novatos, Niki Lauda y James Hunt, representaron mejor que ningún otro, dos formas en principio excluyentes de entender la competición deportiva, dentro y fuera de los circuitos.

Tomando como referencia  la temporada de 1976, en la que Lauda debía revalidar su título de campeón mundial ante su competidor más acérrimo, James Hunt, Peter Morgan construye un complejo relato de superación que potenciado por el excelente trabajo de Anthony Dod Mantle con la cámara y un minucioso tratamiento sonoro conforma un espectáculo por momentos fascinante. Resulta asombroso entonces que sea Ron Howard el que firma “Rush”. Aunque quizás no tanto. Lejos de reivindicar una carrera en el mejor de los casos, mediocre, Howard apuntó maneras con otro guion de Peter Morgan, la árida “Frost/ Nixon”. Tanto en aquella como en “Rush”, Morgan y Howard parten de una muesca del basado en hechos reales como pretexto para indagar en las miserias de la política y el papel de los medios en la primera y en los recónditos recovecos que conlleva el éxito y su ligazón o no con el talento en la segunda.

Existen dos formas de ganar,  con talento o con genio. Tener el talento implica horas, insistencia, soledad.  Tener genio implica ganar por designio natural. Evidentemente no estamos hablando solo de ganar una carrera de Fórmula 1. Estamos hablando de carácter, de competitividad y claro, de envidia. Hay un momento especialmente revelador en “Rush” en el que Lauda y Hunt se sinceran el uno frente al otro y reconocen que competir entre ellos los ha llevado a la excelencia, a un nivel superior, deportiva y emocionalmente. Lauda va un poco más allá y le confiesa que la envidia que sentía por su contrincante le hizo avanzar. Como energía extra para un motor al que le cuesta acelerar. Con estos elementos, Peter Morgan y Ron Howard indagan en las contradicciones de dos personajes complejos y apasionados, enfrentando dos personalidades antagónicas pero puestas en común en la parrilla de salida. Es en ese momento cuando todo queda pendiente de tu habilidad para controlar las emociones o darles rienda suelta y ganar.  Howard saca un extraordinario partido visual a la iconografía deportiva y es capaz de trasladar esa épica a territorios más conflictivos y también peligrosos;  aquellos que construimos con nuestras inseguridades y vanidades.