SUPER 8: El verano de los 12 años

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‘Nunca volví a tener amigos como los que tuve a los doce años… ¿acaso alguien si?’… Es la frase con la que acaba “Cuenta Conmigo” (Rob Reiner, 1986) película de iniciación ambientada en el último verano de la infancia y el difícil paso a la adolescencia. Con el paso del tiempo la película de Rob Reiner también se ha convertido en un hito generacional que de algún modo escenifica el paso hacia la madurez para todos los que hoy tenemos treinta y tantos y crecimos viendo ésta y otras películas como “Los Goonies” (Richard Donner, 1985), “E.T. El Extraterrestre” (Steven Spielberg, 1982) o la interminable lista de sucedáneos que le siguieron, “Mi amigo Mac” (Stewart Raffil, 1988), “El vuelo del navegante” (Randal Kleiser, 1986) o “Exploradores” (Joe Dante, 1985). Me extiendo en el pie de página porque sin el uno es incapaz de hacer frente a la relación de referencias más o menos explícitas que salpican y dan forma a “Super 8”.

Discípulo aventajado de Steven Spielberg, J.J. Abrahams recupera con esmero y emotividad el concepto de aventura juvenil que se forjó en la década de los ochenta presentando a una pandilla de amigos, compendio de nerds de distinta típología (en este caso freaks del cine de terror de George A. Romero) y tara emocional (la ausencia de la madre como metáfora de la desintegración del nucleo familiar) que viven ese verano decisivo en el que las hormonas comienzan a imponerse a los vínculos hasta entonces indestructibles de la amistad. El rodaje de un cortometraje de zombies en super 8 propone un interesante juego de metaformatos que Abrahans utiliza con inteligencia tanto a nivel formal como a nivel narrativo enriqueciendo de forma muy hábil lo que sobre el papel era una simple historieta con monstruo. La excusa le sirve además para dar rienda suelta su cinefilia, desparramada en cada pequeño detalle de la puesta en escena (desde pósters, juguetes, marcas de pintura, etc).

El sello de Spielberg


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El sello de Spielberg no sólo está impreso en el logo de Amblin Entertainment al principio de la película; se evidencia hasta en lo fotografía, azulada en su exteriores y con grano casero marca de la casa Cundey, la música o incluso en el póster promocional. Como Spielberg, Abrahans es fiel a un equipo de trabajo con el que ha realizado la mayoría de sus trabajos. Larry Fong en la cámara, Michael Giacchino como compositor o Mary Jo Markety en la mesa de edición, han analizado el trabajo de Dean Cundey o Allan Davieu, John Williams y Michael Kahn, realizando un interesante doctorado en el cine spielberiano. Con su propia personalidad, pero destacando los detalles marca de la casa. No obstante, Abrahans toma distancias en otros aspectos. En el ‘monstruo’ sin ir más lejos.

Spielberg descubrió al mundo entero en 1982 que los alienígenas podían ser unas criaturas simpáticas y amistosas, alejadas del estereotipo que había creado el cine de serie B desde los años cincuenta. Abrahans, que ya las trató en “Monstruoso” (Cloverfield, Matt Reeves. 2008), ha querido desmarcarse del trabajo de Carlo Rambaldi presentando un extraterrestre con cara y aspecto de pocos amigos, capaz de despedazar a un humano hecho y derecho e inmune al armamento terráqueo. Si bien, la única ambición de éste, como en el clásico de Spielberg, es volver a casa y es en esa noción de volver al hogar, la idea de haber aterrizado en la Tierra por un accidente, sin ningún tipo de pretensión aniquilatoria, donde descansa el ideario de todo el cine de Spielberg (al menos hasta que realizó “La Lista de Schindler” (Schindler’s List, 1993): el final de todo viaje es la vuelta casa. Así, del mismo modo que el alinígena lleva décadas intentando reconstruir su nave espacial y volver a casa, también el protagonista ‘humano’ intenta reconstruir junto a su padre las ruinas del espacio familiar que hizo añicos la muerte de la madre.

El verano como aventura

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La película recupera el concepto de verano como ‘aventura’ y ensalza la amistad como sentimiento casi generacional, que se ve engrandecido por la nostalgia. Nostalgia de los veranos en los que todo era posible, hasta conseguir a la chica de tus sueños. El reparto de la película está muy bien conseguido (tiemblo de pensar en los referentes españoles que pudieran darle la réplica) y Abrahans demuestra tener una mano excelente para extraer de ellos algo tan difícil como es la sinceridad ante la cámara. Sin esa sinceridad la película no valdría nada. Sin embargo, Abrahans no solo consigue dirigir un film de gran calidad, si no que para todos aquellos que crecimos viendo las películas de Spielberg y compañía, trasciende hasta recalar en un hueco, profundo y cálido de nuestra memoria.

Hace un par de veranos Pau Frexias con guión de Albert Espinosa, intentaron un ejercicio parecido, “Héroes” (Herois, 2010) utilizando una vez más el verano como metáfora luminosa de las infinitas posibilidades que conlleva pero a diferencia de “Super 8” le faltó la frescura. Porque a pesar de todo lo comentado, “Super 8” no encaya en la nostalgia supérflua ni la evidencia con himnos que rozan lo cursi como “Forever Young” (que sonaba sin parar en el film de Freixas). Abrahans confecciona una entretenidísima película de aventuras y ciencia ficción  que el espectador adulta disecciona con las herramientas que le proporciona su cinefilia pero que un crío de doce años disfrutará con la misma sensación, la misma emoción y la misma provocación con la que pudimos ver “Cuenta Conmigo”, hace tantos y tantos años.

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Francisco Martínez

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