OSCARS 2013: GANADORES E ILUSTRES PERDEDORES

Al finalizar la ceremonia de entrega de la 85 edición de los Oscars, el diario británico The Guardian preguntaba a sus lectores: “¿Es Daniel Day-Lewis el actor más grande de todos los tiempos?”. No era una cuestión gratuita. En la madrugada del domingo al lunes, Day-Lewis ganaba su tercer Oscar como Mejor Actor protagonista, un hito en la historia de estos galardones. Ningún otro actor, vivo o muerto ha conseguido tal hazaña en ochenta y cinco años de historia. Durante todo este tiempo, los premios que anualmente entrega la Academia de Cine de Hollywood se han convertido en el principal referente de la industria cinematográfica (no cometáis el error de circunscribir ese referente únicamente a territorio americano) a la hora de determinar cual es la mejor interpretación, el mejor maquillaje o peluquería, la mejor película del año. El mensaje ha calado a nivel sociológico y también funciona como efectiva herramienta publicitaria. Los cinéfilos pueden apelar a Cannes, pero si tiras de memoria, a duras penas podrás recordar las últimas tres Palmas de Oro(*). Los tres últimos largometrajes en ganar el Oscar a la Mejor Película son: “The Artist” (2011), “El discurso del rey” (2010) y “En tierra hostil” (2009). Es decir, si Daniel Day-Lewis es el actor con más Oscars, por descontado que es el mejor actor de la Historia.

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Aplicando el mismo baremo, “Argo” es la mejor película del año 2012. El tercer largometraje de Ben Affleck ha completado una carrera perfecta en la que ha ido cosechando uno a uno todos los premios que la industria va entregando hasta llegar a los Oscars. Lo ha conseguido además teniendo en cuenta que Affleck no había sido nominado en la categoría de Mejor Director, un olvido que tuvo una enorme repercusión en las redes sociales y generó una ola de simpatía y de apoyo que de alguna forma allanó el camino de “Argo” hacia el Oscar. Basada en un artículo del periodista Joshua Berman publicado en Wired a propósito de una serie de expedientes desclasificados de la CIA, describe la operación llevada a cabo por la agencia estadounidense durante la crisis de los rehenes en el Irán del ayatolá Jomeini para rescatar a seis diplomáticos refugiados en la embajada canadiense. La originalidad de la propuesta sin embargo está en la forma en la que fue planteado el rescate, entrando en el país como integrantes de un equipo de rodaje que busca localizaciones para una película de ciencia ficción de serie B que no existe y que nunca se va a rodar. El argumento, basado en hechos reales, facilita sin embargo el juego de realidades, combinando con habilidad el thriller político con un retrato amable y algo nostálgico del Hollywood de los años setenta. La película se apoya en un gran elenco de secundarios, donde únicamente Alan Arkin fue nominado al Oscar y aunque a ratos se antoja algo ingenua en sus propuestas sabe como mantener el suspense hasta el final, aunque sea a costa de empeñar su credibilidad. Es lógico por tanto que además se hiciera con los Oscars de Mejor Guión Adaptado y Mejor Montaje.

Es lógico también que una película que ha sido tan crítica con las políticas anti-terroristas del gobierno estadounidense y que ha sido tan criticada por el ala conservadora del gobierno como “La noche más oscura” de Kathryn Bigelow a penas haya conseguido una mención técnica al montaje de efectos de sonido. A diferencia de “Argo“, el nuevo trabajo de Bigelow está exento de cualquier euforia patriótica. Es más, a pesar de dramatizar los pormenores de una misión que concluyó de forma exitosa con la caza del terrorista más buscado de la Historia, Osama Bin Laden, no es un relato triunfalista como en cierto modo sí que termina siendo “Argo“. La película de Kathryn Bigelow, probablemente sea la mejor película de este año, pero es “Argo” la que al día siguiente después de conseguir el Oscar ocupaba los titulares de los periódicos y se colocaba en la primera posición de la taquilla española. Si ha ganado, es porque es la mejor.

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Los cuatro premios conseguidos por “La Vida de Pi” de Ang Lee la convirtieron en la película más galardonada de la noche. A las menciones a sus efectos especiales, fotografía y música, logros que no apetece ni rebatir, hay que añadir el Oscar al Mejor Director. Es su segundo galardón, siete años después de conseguirlo por “Brokeback Mountain (En Terreno Vedado)”. Para la mayoría de los medios se ha pasado por alto que es la primera vez que un director consigue un Oscar por un trabajo realizado en tres dimensiones. Es un detalle importante, porque gran parte del mérito de Lee es extraer una lectura dramática a la composición tridimensional. Mas allá del artificio del formato, Lee saca un partido extraordinario a las posibilidades narrativas de su relato consiguiendo imágenes de una plasticidad y una belleza inaudita. Que el triunfo de Ang Lee haya sido a costa de los trabajos de Michael Haneke y Steven Spielberg es un ejemplo más de lo caprichosos que pueden ser estos premios. Unos galardones que nunca reconocieron a directores como Alfred Hitchcock, Charles Chaplin o Stanley Kubrick pero que han premiado hasta en dos ocasiones a Ang Lee.

En la ceremonia de entrega de los Oscars de 1985, Steven Spielberg estaba nominado como productor de uno de los cinco títulos candidatos a Mejor Película, “El Color Púrpura”. La película había conseguido once nominaciones pero en un caso parecido al de Ben Affleck con “Argo“, Spielberg quedó fuera de la categoría de Mejor Director. Akira Kurosawa ocupó su lugar, lo cual tampoco es un mal cambio. Sentado en su butaca, el 24 de marzo de 1986 Spielberg vio como su película iba perdiendo uno a uno todos los galardones a los que optaba convirtiéndose en la mayor perdedora de la historia de los Oscars. Veintisiete años después, nominado por “Lincoln“, Spielberg debió recordar en más de una ocasión aquella noche del 24 de marzo. En concreto en diez ocasiones, los Oscars que perdió “Lincoln“. En el último momento, arañó una mención a su impecable diseño de producción y Daniel Day-Lewis hizo valer su condición de favorito para imponerse como Mejor Actor y de paso hacer historia. Aún así, es complicado evitar tener la sensación de que ha sido, quizás de manera injusta, la gran perdedora de esta edición.

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En muchas ocasiones, son precisamente los perdedores los que terminan escribiendo las mejores páginas de la Historia. En una sociedad acostumbrada a medir el éxito en función del dinero y la apariencia es fácil pensar que aquella película que ha ganado el Oscar o aquel actor que tiene tres estatuillas es la mejor película del año, el mejor actor de la década, del siglo, de la Historia. El tiempo, suele poner las cosas en su sitio, evidenciando lo efímero de las modas y otros arrebatos. ¿De verdad alguien piensa que “Una mente maravillosa”, ganadora del Oscar a la Mejor película en 2001 es mejor que “The Royal Tennenbaums“, estrenada ese mismo año y nominada únicamente al Mejor Guión Original?. Este año Wes Anderson ha vuelto a estar nominado, en esta ocasión por el guión de “Moonrise Kingdom“. Tampoco ha ganado.

(*) Los ganadores de las 3 últimas Palmas de Oro: Amour (2012), El árbol de la vida (2011) y Uncle Boom recuerda sus vidas pasadas (2010).

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Francisco Martínez

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